¿Qué hacer para competir en un mercado de aguas embotelladas cada vez más diversificado? Algunos productores de aguas minerales chilenas están apostando por la calidad y esperan ver pronto los primeros resultados. Informe de AndesOne.com
Hace 12 años, en King Island, Australia, se comía bien y se respiraba uno de los aires más limpios del mundo. Sin embargo, el agua potable dejaba mucho que desear. Por eso no es de extrañar que en ese entonces muchos habitantes de esta pequeña isla se acercaran a la casa del profesor Duncan McFee para que les convidara agua de lluvia de su estanque. “Sabía que si nuestro aire era tan puro, tendría que ocurrir algo parecido con el agua de lluvia, entonces decidí buscar la manera de recolectarla sin alterar su sabor”, dice el ahora director de la empresa de agua embotellada australiana Cloud Juice.
La técnica de McFee es más simple de lo que se podría pensar. Una terraza inclinada de polietileno de 400 metros cuadrados con tuberías de acero inoxidable que llevan el agua hacia tanques de acopio le permiten hoy recolectar 500.000 litros de “jugo de nube” en una zona donde llueve 180 días por año. El resultado se comercializa en botellas de vidrio pulidas a mano que se venden, tanto dentro como fuera de Australia, en un proceso que McFee reconoce como “bastante complejo”.
Pero aunque McFee y su agua de lluvia están lejos del proceso de producción de las clásicas aguas minerales chilenas provenientes de termas, los actores de la industria nacional también deben sortear grandes obstáculos para entregar a su público un producto de calidad.
En el caso de agua mineral Puyehue, que elabora un millón de litros de este producto al año, el desafío consiste en embotellar el agua termal desde una napa de 172 metros de profundidad y luego transportarla sin que esta pierda sus cualidades. “Es un proceso complicado y que encarece el producto”, dice el gerente de ventas de Puyehue, Claudio Varela, quien explica la importancia de aplicar ozono al agua para asegurar su calidad sanitaria y la conocida técnica del embotellado al vacío, que permite que este elemento no se descomponga. Etapas que sólo son posibles de cumplir tras una previa certificación mediante decreto presidencial y en el que se declara el lugar desde donde se extrae el agua como “Fuente Curativa”, señala el informe de AndesOne.com
Por eso no es de extrañar que, durante los últimos cinco años, el crecimiento en las ventas de este producto se haya estancado frente a nuevas variedades de aguas embotelladas como las purificadas y saborizadas que, a diferencia de las primeras, no necesitan ser embotelladas en una fuente de origen certificada sino que pueden provenir incluso desde la red de agua potable para luego recibir una serie de tratamientos de sanitización y saborización.
Según datos de la consultora Nielsen en Chile, del total de ventas de agua embotellada registradas durante el primer semestre de 2009, las aguas purificadas y saborizadas tuvieron una participación de 13% y 22%, respectivamente, frente a un 65% de las aguas minerales. Sin embargo, hace cinco años la realidad era muy diferente porque la clásica agua mineral, representada por marcas como Cachantún, Vital, Porvenir, Socos, Manantial y Edén, abarcaba un 93% de las ventas totales de agua embotellada.
¿Qué habrá provocado este retroceso en la participación de las aguas minerales dentro del mercado de las aguas embotelladas?
Para muchos la respuesta está en el parecido de las aguas saborizadas con las bebidas de fantasía, que son preferidas por los chilenos. Para otros, vale la pena observar el caso de marcas de agua purificada como Benedictino que, gracias a un envase atractivo y una publicidad que desde el principio la posicionó como agua libre de sodio y calcio –especial para personas con hipertensión o retención de líquidos–, registró un crecimiento de 500% en sus ventas cuando había transcurrido sólo un año desde su lanzamiento al mercado en 2004.
Hoy, esta marca adquirida por Coca-Cola Chile hace cuatro años mantiene una participación de 34% en el mercado de las aguas purificadas y saborizadas junto a Dasani (35%), la otra marca que Coca-Cola mantiene en esta categoría. Productos que, a través de la creación de nuevas variedades como la recientemente línea AntiOx de Dasani, “no sólo han presentando un impresionante dinamismo”, dice el gerente de marketing de Coca-Cola de Chile, Alberto Aranda, sino que también han demostrado que “hay espacio para crecer si nos comparamos con otros países en los que el consumo de agua está mucho más expandido”.
EL CAMINO DE LA DIVERSIFICACIÓN
Según datos de Nielsen Tendencias 2009, los 18 litros de agua embotellada per cápita que beben los chilenos al año continúan muy atrás de los 36 que se consumen en Argentina. Ni hablar de los 210 litros per cápita que se toman en Italia o los 178 que se beben en Francia, país donde precisamente surgió la moda del agua mineral en la localidad de Evian y hoy funciona la planta embotelladora de agua mineral más grande del mundo.
Por esta razón, para los conocedores del mercado existe un enorme potencial para que el consumo de aguas embotelladas de todo tipo siga creciendo. Especialmente si se considera que, “a diferencia del vino y la cerveza, el agua no tiene alcohol”, dice el sommelier chileno Enrique García. Además, hay países como España donde se consumen 93 litros de bebidas gaseosas por persona al año, pero también se beben 151 litros litros de agua embotellada per cápita. Una relación que tiene validez para un país como Chile, dice la analista del Banco Itaú, Gabriela Clivio a AndesOne.com, “porque si los chilenos toman 120 litros de bebida per cápita al año, quiere decir que hay potencial para que el consumo de agua siga creciendo”.
Otro punto a destacar por la analista es el hecho de que en los últimos años se haya diversificado la oferta de aguas embotelladas porque, mientras más categorías de este producto existan, mejor se podrá satisfacer a diferentes segmentos de consumidores. “Para una viña, por ejemplo, es conveniente tener un portafolio de productos que tenga todas las cepas. Para una embotelladora es lo mismo”, dice la analista de Banco Itaú en Santiago. “Me parece que la diversificación de categorías de aguas embotelladas es una buena señal y muestra que el mercado está cada vez más sofisticado”, agrega.
Clivio compara la situación actual del mercado de aguas embotelladas con la del vino hace 10 años, cuando los chilenos sólo distinguían entre un vino tinto y uno blanco. “Hoy la gente pide vinos de una cepa específica como cabernet sauvignon, carménère o merlot. Esto muestra que se está segmentando bien al público y lo mismo está pasando con las aguas”, explica.
El sommelier Chileno Eugenio García señaló a AndesOne.com que está de acuerdo con esta opinión, pero con ciertos reparos. “En Chile el tema del agua embotellada no está tan desarrollado y, además, el agua potable no tiene mal sabor”, dice tras mencionar que en Europa hay países como Grecia donde el agua de cañería sí tiene mal sabor por lo que la gente prefiere beber agua embotellada y, sobre todo, agua mineral. “La diferencia con las aguas minerales chilenas es que las europeas concentran minerales en gran cantidad y eso les otorga un sabor distintivo”, explica García quien, a propósito de este detalle, recuerda su incredulidad cuando lo invitaron a su primera cata de agua. “Pensé que no iba a notar diferencias, pero luego de poner atención me di cuenta de que las aguas extranjeras tienen mucho más carácter que las nacionales”, asegura.
En esta línea, el gerente de ventas de Puyehue, Claudio Varela, identifica dos tendencias en Chile. La primera es preferir aguas neutras y con bajas cantidades de minerales como potasio, calcio, magnesio, fierro, manganeso, sílice y sodio aunque, en el caso de este último, Varela destaca que hay una contradicción pues sin el sodio no se cumple la condición básica del agua que es hidratar.
La segunda tendencia, según Varela, es identificar al agua embotellada como un producto asociado a cierto estilo de vida, con envases llenos de colores y campañas publicitarias que sugieren ideas de bienestar, en circunstancias que “lo más importante es precisamente lo que está dentro del envase y la gente tiene que aprender a valorarlo por sus características orgánicas”.
CUESTIÓN DE PUREZA
De acuerdo al documento “Las Aguas Minerales Chilenas”, escrito por el geólogo Arturo Hauser Yung y publicado por el Servicio Nacional de Geología y Minas (Sernageomin), en el país “existen una serie de factores geográficos, morofológicos, climáticos, geológicos y tectónicos que crean ambientes muy propicios para el desarrollo de numerosas fuentes de aguas minerales económicamente atractivas”. Hauser, quien no respondió a las solicitudes de entrevista de Andes Wines por encontrarse de viaje, destaca también que las 64 fuentes de aguas minerales catastradas en todo Chile “sólo son las más conocidas y este número dista mucho de las efectivamente existentes en el país”. Sin embargo, Hauser también advierte que el carácter geográfico de Chile hace que la producción masiva de agua mineral se limite a la zona central del país “porque el costo del transporte terrestre impida realizar nuevas inversiones en el rubro”.
El argumento de Hauser es compartido por los conocedores de la industria. Sin embargo, algunos actores nuevos como Peteroa Waters, han visto en la externalización de este servicio una buena alternativa. Así lo reconoce el subgerente de operaciones de Peteroa 9500, Marcelo Morel, quien sugiere “preguntar a los productores del agua japonesa Finé cómo logran exportar su agua mineral hacia Europa sin perder la rentabilidad de su negocio” y adelanta que la empresa proyecta invertir aproximadamente US$3 millones en la producción de un millón de litros de agua mineral durante 2009, su primer año de operaciones. Morel argumenta que “las aguas minerales no crecen en el mercado chileno porque no se les puede manipular”, pero también reconoce que sí pueden ser un buen negocio, especialmente cuando se participa en el mercado de las aguas premium. “Nuestra competencia está integrada por productos importados, como la francesa Evian y la inglesa Ty Nan, pero nuestra gran ventaja es que nuestro producto se embotella en Talca, así que tenemos un precio mucho menor en el mercado local”, reconoce el ejecutivo.
Peteroa 9500, que debe su nombre a la cantidad de años que demora el agua en bajar desde el glaciar del volcán de Peteroa hacia el Río Claro, ha sido incluida junto a la también premium agua mineral Puyehue en la conocida guía “Fine Waters”, elaborada por el sommelier de aguas estadounidense Michael Mascha.
En su libro, el experto destaca a ambos productos por su alta virginalidad, que sólo se consigue si hay un mínimo contacto con el aire y la manipulación humana, y sus bajos niveles de material disuelto en el agua (TDS, por sus siglas en inglés), que les otorgan mayor pureza y menor sensación de solidez o dureza al ser bebida. De hecho, si se comparan los indicadores de virginalidad de Puyehue y Peteroa con el de conocidas marcas extranjeras como Saint Perrier, Chateldon, Blink, San Pellegrino y la propia Cloud Juice, mencionada al principio de este artículo, los niveles son muy parecidos. “Eso es lo más interesante”, dice el gerente de ventas de Puyehue, Claudio Varela. “En Chile están dadas las condiciones para obtener aguas de buena calidad”.
Y aunque algunos ejecutivos de la industria insistan en que en el país aún no hay público para hacer del “jugo de nube” un negocio rentable como sí ocurre en Australia, algunos conocedores del tema como Alberto Aranda de Coca-Cola de Chile no se cierran a la posibilidad. “El consumidor cambia y evoluciona y continuaremos innovando para satisfacer a ese consumidor exigente día a día”, reconoce. Por el momento, las cada vez más frecuentes catas de agua organizadas por círculos gastronómicos y la próxima instalación de bares de agua demuestran que sí podría haber mercado para seguir innovando o, por lo menos, para dejar que el agua siga corriendo.
Por Daniela Cid para AndesOne.com
