El sector vitivinícola no ha estado ajeno a la actual crisis energética, considerando su creciente desarrollo y mayor demanda de electricidad.
A esto se suma el anuncio de que a partir de abril del 2008, es decir, en plena vendimia, comenzará a regir para esta industria un alza del peak de la tarifa eléctrica, adelantándose en un mes al calendario vigente. Esto significa un aumento sustancial en los costos de vinificación, sobre todo en las variedades tintas vendimiadas durante el mes de abril. Si consideramos, como ejemplo, el valle central, más del 80% de los cepajes tintos se vinifican en dicho mes: Cabernet sauvignon, Syrah, etc., por ende los costos por litro de estos vinos se verán incrementados. Por Gregorio Ferrada.
Sin duda, se trata de un panorama poco alentador, especialmente para las Pymes vitivinícolas que además han debido sufrir la baja del precio del dólar y la volatilidad anual de los precios de uvas y vinos granel. A ello se suma la difícil tarea de generar riqueza y de sobrevivir en un mercado cada vez más competitivo y global, donde las reglas de la competitividad están asociadas a factores como el cuidado medioambiental, el desarrollo de los trabajadores y del entorno, todo lo cual se enmarca en un nuevo enfoque de negocios denominado Responsabilidad Social Empresarial.
En este contexto, ha cobrado especial relevancia la necesidad de reducir el impacto ambiental negativo de los procesos de la industria vitivinícola. Una buena manera de conseguirlo es a través de la ecoeficiencia, esto es el continuo análisis de la eficiencia en el uso de recursos relacionados a los procesos productivos, a fin de lograr una eficiencia económica a través de una eficiencia ecológica.
La eficiencia energética contribuye a aumentar la competitividad: el costo de ahorrar una unidad de energía puede ser significativamente menor que el costo de generar esta unidad. Las nuevas tendencias de desarrollo sostenible y ecoeficiencia se entienden como la producción de artículos y servicios con un menor consumo de energía y materias primas, traduciéndose a su vez en una menor contaminación, una menor cantidad de residuos y un menor costo, obteniendo productos más amigables con el medio ambiente
Incorporar la ecoeficiencia no implica un cambio total de las prácticas y sistemas de producción de las bodegas, sino una adaptación de los mismos para lograr mejores resultados económicos y ambientales, mediante un proceso continuo de adaptación y mejora.
En la elaboración de un vino, el gasto energético en la fermentación alcohólica puede significar más del 20% de la factura eléctrica anual de una bodega, principalmente por los equipos de refrigeración. Conservar en todo momento la temperatura supone un menor consumo energético, que controlar variaciones bruscas.
Diferentes medidas pueden conducir a un ahorro de recursos (energía, agua, etc.), tales como: aumentar la eficacia de las labores, mejorar su gestión (programar turnos en horarios de baja, ejemplo: remontajes), vendimias nocturnas (granos fríos, menores diferenciales de temperatura), programar descubes y prensados, entre otras.
Por otro lado, se deben buscar alternativas energéticas renovables de carácter autónomo, a fin de disminuir la dependencia del mercado externo, tales como: energía solar, energía de biomasa (proveniente de los propios residuos de la bodega) y cogeneración (uso simultáneo de electricidad y energía térmica, producto de la quema de un combustible). Estas fuentes de energía renovables no producen emisiones de CO2 y otros gases contaminantes a la atmósfera, tampoco generan residuos de difícil tratamiento y pueden ayudar a eliminar residuos, como los que se producen en las bodegas, entre otras ventajas.
Por Gregorio Ferrada
Ing. Agrónomo-Enólogo
Especialista sector vitivinícola de Vincular
Centro de RSE de la P. Universidad Católica de Valparaíso.
